jueves, 6 de septiembre de 2012

¿Te suena?

Andrés Rege es un gilipollas. Es el resultado de la combinación madre retorcida y padre mala leche así que estaba destinado a ser un capullo desde el mismo instante en que vino al mundo. Ser un completo gilipollas no representa tarea fácil ya que requiere una completa dedicación. Por las mañanas, Andrés se levanta y si está inspirado deja un reguero de flatulencias cuando se dirige al baño. De camino al trabajo, acelera al acercarse al paso de peatones del colegio y cuando llega, aparca ocupando innecesariamente dos aparcamientos. Andrés es, como no podía ser de otro modo, jefe. "Mi jefe es un gilipollas" es, sin duda, la frase más repetida por todos sus subordinados. Entra en la oficina y hace el mismo comentario despectivo a la recepcionista por su sobrepeso. Mira babeante a la buenorra de la oficina y  se encierra en su despacho a pasar la mañana leyendo el marca y jodiendo a los empleados. El capullo es divorciado porque hasta la lela de su exmujer no pudo soportar su suprema gilipollez. Tienen dos retoños, ambos con el gen de la capullez, que es extremadamente fuerte y se hereda inevitablemente de generación en generación. Como casi nunca tiene ganas de ejercer de padre, suele dejar plantados a sus hijos con las excusas más absurdas, y se va a tomar unas copas, a "cazar". Rara vez consigue llevarse el gato al agua y acostarse con alguna mujer. La condición es que la mujer no supere un coeficiente intelctual del 50 o que esté tan borracha que tenga las alarmas antigilipollas desactivadas. Una vez saciados su instintos sexuales, el gilipollas se esfuerza aún más en serlo. Este es un mecanismo de autoprotección, para evitar que a la mujer se le ocurra desarrollar sus instintos de relación estable previos a los matrimoniales. Cuando se va a dormir por la noche se mira en el espejo mientras se lava los dientes y no siente nada; se tumba en la cama, cierra los ojos y se duerme sin dudar un segundo sobre su diario comportamiento de capullo. Esa es la mejor parte de ser un gilipollas, que uno mismo no sabe que lo es.

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